Alfonso Hernández Catá: Sus orígenes sagüeros

Alfonso Hernández Catá ( 1885-1940) periodista, escritor, dramaturgo y diplomático hispano-cubano, era hijo del coronel español, destacado en Santiago de Cuba,  Ildefonso Hernández( 1844-1893) y de la cubana Emelina Catá Jardines.

La madre de Alfonso Hernández-Catá, Emelina Catá Jardines, oriunda de Sagua de Tánamo. era hija del cubano José Dolores Catá y Gonse , que fue fusilado por conspirar contra España el 24 de mayo de 1874.  Unos meses antes,  Ildefonso Hernández Lastras visitó a José Dolores Catá en la prisión para pedirle la mano de su hija Emelina y éste se la concedió.
El matrimonio entre Ildefonso y Emelinda se celebró en Guantánamo, poco después de la ejecución del padre de la novia frente a una muralla del Fuerte de la Punta, el 24 de mayo de 1874, por conspirar contra España en plena Guerra de los Diez Años. Su tío materno, Álvaro Catá Jardines (1866-1908) ejerció como periodista en “La Lucha”, “La Discusión” y “El Fígaro”. Se incorporó al Ejército Mambí, colaboró con Mariano Corona en “El Cubano Libre” en plena manigua, alcanzó el grado de coronel y fue elegido representante a la Cámara por Oriente, al iniciarse constuirse la República.

Alvaro Catá Jardines ( 1866-1908), tío de Hernández Catá, también oriundo de Sagua de Tánamo ejerció de periodista  en “La Lucha”, “La Discusión” y “El Fígaro”. Puede que de ahí le viniera a Hernández Catá su vena de escritor.  Ingresó en el Ejército Libertador el 26 de agosto de 1895 como soldado a la Brigada de Holguín (2da Brigada, 4ta División, 2do Cuerpo). Fue nombrado jefe

Casa de Aldeavila Maderos N.14 (antes Maderos N.10) donde nació Alfonso Hernádez Catá

de Estado Mayor de la 2da Brigada, 2da División, 2do Cuerpo que operó en la región de Bayamo. LLegó hasta el rango de coronel del Ejército Libertador. Desde la manigua colaboró con Mariano Corona en “El Cubano Libre” .Terminó la guerra ocupando el cardo de subinspector del Segundo Cuerpo- Fue miembro de la Cámara de Representantes de la República, por la provincia de Oriente, de 1902 a 1904.

La familia de su madre ( como tantos sagüeros) tenía arraigada sus posiciones anticolonialistas pero respetaba los puntos de vista del coronel español.  Idelfonso Hernández era liberal,  de estudios y viajes algo raro en aquellos tiempos teniendo en cuenta su profesión de militar y su responsabilidad dentro de la administración militar de la colonia.  Estas cualidades pueden haber sido una influencia en la actividad diplomática de Hernández Catá.  Cuando se inició la guerra de Cuba ya el padre había fallecido por lo que la influencia del ala materna sagüera   fue muy importante.  Su  vida giró siempre entre dos mundos  en conflicto pero unidos por lazos indisolubles y  quedó reflejada en su obra y en su personalidad para enfrentar los retos que con posterioridad le depararía el destino. En uno de sus primeros cuentos “Mandé Quinina”  trató   el tema de la guerra de  independencia de 1995  contra España que tanto lo marcó en su infancia. .

 

La placa en la casa de Aldeadávila donde nació Alfonso el 24 de Junio de 1985  recuerda los 100 años de su nacimiento.

La sagüera Emelina concibió en Cuba a su hijo Alfonso Hernández aunque dió a luz en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), lugar de nacimiento de su esposo,  durante un permiso  militar que le había sido concedido. A los tres meses del parto retornó a Santiago de Cuba donde su Ildefonso ocupaba un puesto en la administración militar de la isla.  Enviudó cuando su hijo tenía 8 años en 1893. Su influencia sobre su hijo ha quedado registrada por los estudiosos de su obra.

Alfonso vivió su infancia en Santiago, años mas tarde le contaría a su albacea literario Antonio Barreras: “Aqui, por esta calle y las aledafias (que eran las de San Tadeo y otras), jugué con mis compañeros infantiles a españoles y mambises, en plena guerra de emancipación. Tomaba tan en serio mi papel, que en más de una ocasión castigué la aparente bizarria de mis enemigos con la honda primitiva -arma infalible–, que manejaba a la maravilla…” Hernández Catá con sólo diez años asistió al entierro del héroe, poeta y revolucionario cubano, José Martí, caído en el campo de batalla. Desconocemos si en aquella época visitó la tierra materna de su madre, sagua de Tánamo. Eran tiempos muy convulsos y mas en nuestra zona por donde en varias ocasiones pasaron las fuerzas mambisas.

Su madre preocupada por el activismo juvenil de su hijo y su participación en revueltas decidió enviarlo a España al Colegio de Huérfanos Militares de Toledo pero, nada inclinado a la carrera militar de su padre, se escapó y trasladó a Madrid, donde fue aprendiz de ebanista e ingresó en la bohemia del Modernismo. Convirtió a la Biblioteca Nacional en su segundo hogarCursó también Psicología (de lo que hay huella en sus caracterizaciones, sobre todo en los relatos cortos) e Historia. Años mas tarde escribió:
“Tuve que dormir en las plazas y allí adquirí amistad con la majestuosa doña Urraca, cuya severidad preside el cónclave real de la Plaza de Oriente”
Tuvo relaciones con escritores como Eduardo Zamacois , Rafael Villaespesa y Ramón Gómez de la Serna, y con el también hispano cubano Alberto Insúa, que en realidad se llamaba Alberto Galt Escobar (1883-1963) y que cambió su primer apellido por el segundo de su padrastro, y de cuya hermana, Mercedes Galt Escobar, se enamoró, y contrajo matrimonio mas tarde. Insúa en sus memorias escribió:
“Tenia una memoria prodigiosa. Sentados los dos en algún banco de la Plaza de Bilbao, me recitaba versos de Dario, de Guillermo Valencia, de Nervo, de Julian del Casal, de toda la pléyade modernista. Usaba unas corbatas polícromas, con grandes mariposas. También era melómano: silbaba las sonatas de Beethoven y las rapsodias de Liszt. Pero su ídolo era Grieg”

Volvió a Cuba en 1905 con 20 añosy se estableció en La Habana. Comenzó a trabajar como lector de tabaquería. En 1907 publicó su primer libro, Cuentos pasionales. En La Habana fue periodista en el «Diario de la Marina» y «La Discusión», y colaboró en «Gráfico», «El Fígaro» y «Social».
En 1907 vuelve a Madrid y contrae matrimonio con Mercedes Galt Escobar con la que tuvo 5 hijos.

Alfonso Hernandez cata junto a Jorge Mañach, Juan Marinello

En 1909 ingresó en la carrera diplomática y en 1918 es ascendido a cónsul de primera clase y llega a Madrid, donde una serie de polémicas periodísticas va llevándole a rechazar el neocolonialismo hasta que, en 1921, unos artículos en que defiende el derecho de autodeterminación de los marroquíes motiva su expulsión y retorno a El Havre; desde entonces se sintió y proclamó profundamente cubano. Además de haber sido cónsul en El Havre (1909), lo fue en Birmingham (1911), en Santander (1913), en Alicante (1914) y en Madrid (1918-1925), así como encargado de negocios en la Legación de Cuba en Lisboa hasta 1933, año en que es nombrado embajador de Cuba en Madrid. Fue ministro en Panamá (1935), en Chile (1937) y en Brasil (1938), donde murió en accidente de aviación al sobrevolar la Bahía de Botafogo en Río de Janeiro, el 8 de noviembre de 1940. La poetisa chilena Gabriela Mistral y el escritor austriaco Stefan Zweig pronunciaron sendos elogios fúnebres.
Aunque en Cuba polemizaban sobre si su escritura pertenecía o no a la Isla, en España siempre consideraron a Alfonso Hernández-Catá cubano. En Cuba  después del 59  años su nombre fue desterrado de las antologías, ahora empieza a repararse la injusticia.

Alfonso Hernández Catá suele ser desterrado del predio de la narrativa cubana por su espíritu eminentemente europeo que predomina en sus obras. Su obra imaginativa se halla impregnada de valores ensayísticos, como se comprueba en Pelayo González (1909), obra dedicada a Benito Pérez Galdós, que presenta el retrato de un sabio escéptico, irónico y sentimental. La presencia de Cuba se siente en La juventud de Aurelio Zaldívar (1911) y, sobre todo, en Mitología de Martí (1929), donde destaca el relato Cayetano el informal; pero su temperamento era cosmopolita. Insistió en los temas sensuales (Novela erótica, 1909) y psiquiátricos (Manicomio, 1931), siempre con delectación de artista. Lo mejor de su obra pertenece a la novela corta (Los frutos ácidos, 1915) y al cuento psicológico (Los siete pecados, 1918). Otros libros suyos: El placer de sufrir (1921), El corazón (1922), El bebedor de lágrimas (1926), Piedras preciosas (1927), El ángel de Sodoma (1928), La voluntad de Dios (1930), Sus mejores cuentos (1936), Cuentos (1966). En su memoria se instituyeron en Cuba los premios Hernández Catá para cuentistas. También publico un poemario: Escala (1931) y escribió muchos dramas y comedias, algunos en colaboración con Alberto Insúa, como En familia, El amor tardío y El bandido. Es autor de la zarzuela Martierra, con música de Jacinto Guerrero.

Aunque algunos le atisban influjo de Leopoldo Alas, la mayoría observa en sus obras técnicas más propias de Rudyard Kipling, Guy de Maupassant, Joseph Conrad o Somerset Maugham. Según Max Henríquez Ureña escribía una genuina prosa modernista, trabajada con arte, castigada y elegante, de rico vocabulario, en una línea cosmopolita, libre esencias nativistas o costumbristas, mezclando una cierta crítica social naturalista con el estilo preciosista del Modernismo. En general, en su obra se aúnan rasgos de la literatura noventaiochista española y del modernismo hispanoamericano.

Hernández Catá ha sido traducido al francés, al inglés, al alemán, al ruso, al holandés, al portugués, al italiano y al lituano.

El 8 de noviembre de 1953 su albacea literario, Antonio Barreras, comenzó la publicación de “Memoria de Hernández Catá”, revista que incluyó artículos, comentarios, bibliografías, iconografía y reproducciones de trabajos originales o desconocidos de Catá, dejando constancia también del sostenido intercambio epistolar que sostuvo con intelectuales de su tiempo, como: Mariano Aramburu, Jesús Castellanos, José Antonio Ramos, Max Henríquez Ureña, Luis Rodríguez Embil, Rafael J. Argilagos o José María Chacón Calvo, entre otros. Sólo ocho números pudo publicar Barreras entre 1953 y 1954. Ningún escritor cubano, salvo José Martí, tuvo tan constante y firme devoción como la que le dedicó a Catá el magistrado Barreras.

En 1966 se publicó en España una recopilación de su cuentística. Mas Información en Margarita Xirgú

Anuncios
Comments
2 Responses to “Alfonso Hernández Catá: Sus orígenes sagüeros”
  1. Excelente trabajo investigativo, sobre el origen tanameño y la vida del escritor y diplomático cubano practicamente desconocido. Gracias. Jose A. Hechavarría P.

    • jcediciones dice:

      Por alguna razón que desconozco en Sagua de Tánamo en la primera mitad del siglo XIX se asentaron muchos profesionales, intelectuales, personas de un nivel cultural significativo para aquellos tiempos, El apoyo al autonomismo y al independentismo español durante las guerras de independencia también fue notable y mucha gente lo pagó con sus haciendas y sus vidas como fue el caso de abuelo de Alfonso. Sagua siguió atrayendo en el transcurso de los años a muchos profesionales de otras zonas de Oriente, de Cuba o de España. No es un hecho natural teniendo en cuenta que por Sagua de Tánamo no se pasa, había que ir expresamente. Y no podemos atribuirlo sólo a nuestras encantadoras mujeres. Quizás en tus investigaciones hayas podido encontrar algo que explique este comportamiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

  • Logia de los Masones

  • Bombardeo e Incendio Sagua de Tánamo 1958

  • Anuario Estadístico Sagua 2010- Edición 2011

  • tambien puedes leer…

A %d blogueros les gusta esto: