Memorias…..el comienzo…

Por Elva María  Rivas Cánepa ( Sagua de Tánamo 1919-  Barcelona 2014) 

( De los muchos cuadernos de recuerdos que dejó escritos para mí ,su hija menor,  y que empezó a escribir ya cumplidos los 80)

Dicen que recordar es volver a vivir, pués yo trataré de recordar mis 85 años vividos para comenzar a vivir de nuevo.

Comenzaré por recordar mis primeros años, mas o menos cuando tenía 5 años.

Era muy apegada a mi madre, y en esa etapa trataba de estar cerca de ella el mayor tiempo posible. Cuando ella salía, yo la seguía. Recuerdo, como si lo estuviese oyendo ahora en este instante,  que sus amigas le decían: ¡Que bella es tu hija Josefa!,  aquellas palabras la halagaban mucho, pero se quedaba silenciosa. Yo las escuchaba también y permanecía en la misma forma: llena de felicidad.

Los días transcurrían y yo iba creciendo, se iba despertando en mí algo que me devoraba, era el deseo de estudiar. Aprendí a leer pronto. Recuerdo que mi primera maestra, Caridad,  me mostraba a sus compañeras llena de orgullo. Cuando llegaba a la casa no se cansaban de halagarme. Tenía una tía, Guadalupe, que me sentaba en sus piernas para escucharme leer. Ella era analfabeta, el Todopoderoso no le había otorgado ninguna belleza, y no era exteriormente una persona normal, pero en su interior era  una mujer inteligente; y así continuó hasta los últimos días de su vida.

Los días iban sucediéndose y yo iba creciendo en medio de grandes dificultades. Cuando tenía los 12 años ( principio de los años 30)  mis padres se mudaron al campo a un lugar que le llamaban El Sitio. Allí la enseñanza estaba muy mala y fui a parar a una escuelita de campo; para trasladarme a ella tenía que recorrer mas de 1 kilómetro de distancia por caminos llenos de fango y hasta tenía que pasar algunos arroyos. Para esa época tendría como un tercer grado.

En El Sitio permanecimos hasta la caída de Machado que regresamos a nuestro pueblo Sagua de Tánamo, donde nací.

Yo continuaba con mis ansias de estudio, pero estaba muy atrasada, entonces hablé con mi primo José( Pepe) Luis Aguilera para que me diera clases y me adelantó bastante, sin duda alguna , yo tenía una inteligencia clara.

Por entonces habían abierto una Escuela Superior, pero  tuve que realizar los estudios por la libre pues ya tenía mas años que los requeridos. No pude obtener mi certificado por lo que para obtener mi ingreso en Escuela Normal de Oriente tuve que realizar mis exámenes por la libre ingresando en esta escuela en el año 1940 y como aprobé todos mis años me gradué en 1944.

Cuando me gradué  pensé quedarme a trabajar en Santiago de Cuba y comencé a hacer gestiones para ello. Pero el hombre propone y Dios dispone y el destino me impulsó hacia Sagua de Tánamo, pues mi hermana Lalá había sido sometida a una operación de apendicitis y hacia allí me dirigí.

La operación había sido realizada en el Central Cayo Mambí ( posteriormente Frank País) y me quedaba acompañándola.

Sucedió que Cándido Rabilero fue a la Habana y murió. Cándido era maestro y trabajaba en Miraflores entonces Lalá me dijo: Ve a trabajar a la escuela de Cándido. Yo le hice caso y así fue como me fui a trabajar a Miraflores donde conocí a tu papá: Aquilino Rodríguez Leyva.

De esa escuela me dieron un nombramiento para la escuela de Naranjo Agrio en la que me quedé trabajando todo ese curso. Había terminado un curso y comencé uno nuevo sustituyendo a Patricia Pérez y Daría Server que se habían jubilado.  Para entonces para coger una escuela la política jugaba un papel primordial, no recuerdo cómo me las agencié y conseguí un nombramiento sin haber ido nunca a trabajar al campo, excepto los días que trabajé en Naranjo Agrio, días que nunca podré olvidar.

Allí fui a parar a casa de un gallego que se llamaba Antonio. Este era del carajo. Se andaba en los pies, y después iba a la mesa. En Naranjo me cayó una piojera que aquello fue horrible. Trataba de compaginar con aquellos guajiros.

Realizaba como maestra un trabajo ideal, llegué a posicionarme bien en el escalafón, pero no aspiraba a obtener nada mas, pues de Sagua por el momento no deseaba moverme. Tu abuelo (Fulgencio Rivas) me había cedido un pedazo de la casa en que vivía;  tu abuelo me adoraba. Tu papá comenzó a arreglar la casa en que vivíamos,  que muchos años después tu vendiste para trasladarme a La Habana.

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