Recordando el 17 de diciembre de 1958 en Sagua de Tánamo

incendio 3

Por Alfredo Neira

A esta hora (en las primeras horas de la tarde)  los vecinos de Los Maceo y otras familias sagüeras íbamos rompiendo todas las cercas de Zinc desde la farmacia de Los Maceo hasta la casa de Perucho Alonso (frente a la antigua pescadería de Sagua, calle Ferié esquina Renato Galbán), bajábamos por la loma del Doctor Alayo y caminamos por todas las orillas del Stadium Municipal, pasamos por el bohío de Guarina, el circo de correr y preparar los gallos finos de Ramón Moreno y demás, las casas de Monguito y Toñito Serrano, hasta llegar al patio de Pepe Bravo, por detrás de la grada de  madera y por la zanja (que todavía existe) saliendo a la parte de abajo del antiguo matadero municipal, detrás de la familia Coello. Quedamos resguardados a la orilla del río hasta las 5:00 PM , cuando se dió el primer bocinazo por los guardias que saliéramos de ahí, pues el avión iba a seguir metrallando y otro avión iba a tirar las cajas de balas para los guardias. Rápidamente el pueblo cruzó la carretera y nos incorporamos a la entrada de La Demajagua y de momento el guardia Morejón, que estaba en la garita de la loma de Pino Reynosa con el Cabo Lara, vió a su novia Nelín y bajó y dijo: -no vayan por ese camino, hay un tiroteo ( mas o menos por la casa de Puchango), cruzamos el río y nos fuímos hacia Juan Diaz. Al subir la loma  de La Miranda, recuerdo muy bien a Raúl Méndez que era teniente rebelde y nos dijo. Caminen rápido y agáchense que la ametralladora 50 está disparando. Qué bien recuerdo a Dende, a Estebita Coello, a Catulito y otros cargando en una hamaca a su hijo recien nacido, Alfredo Lázaro Coello Velázquez. Hoy profesor e ingeniero en la Universidad de Moa.

Yo iba al lado de la hamaca y me agunataba del pantalón de quien después fue un gran amigo en Los Tanameños, el guitarrista Esteban Coello de la Cruz.

Caminamos hasta Juan Diaz, mi familia se quedó en casa de un primo, Toñito Fernández, padre de Ché Miranda, donde escapamos unos días. En esos días estaba el combatiente Gerardo Jiménez  (Gerardito, hijo del Doctor Gerrado Jiménez Riveriz), su misión era cuidar tres carros tapados con gajos a la orilla del río, debajo de una mata grandísima. Luego nos fuímos para la finca de mis abuelo maternos en “La Catalina” hasta el Triunfo.

 

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