Las Serenatas en Sagua de Tánamo

Monchy perfil blogPor Ramón R. Jiménez (Monchy)
Me es muy grato recordar aquellos tiempos de nuestra juventud, cuando participábamos de una serenta, casi siempre la idea surgía en nuestro inolvidable Parque Marti y alguno de nosotros estaba enamorado de una muchacha, o alguien estaba medio disgustado con la novia,  era el cumpleaños de alguna que otra amiga, en fin, motivos había de sobra.

El asunto era muy facil teoricamente, ya que ninguno de nosotros ni cantaba ni tocaba instrumento alguno, pero éramos amigos de esos virtuosos que sabían jugar con el pentagrama.guitarra

Por el año 1963 llegó  a Sagua un camagueyano llamado Pedro, al cual le llamabamos “El Perro”,  sobrenombre que el mismo nos sugirió. Vino acompañado de su guitarra y una bonita voz,  le encantaban las serenatas y todo tipo de cumbanchas;  enseguida nos conectamos con él y no recuerdo ni cómo, ni por qué, pero se convirtió en un aliado inseparable de nuestras andanzas nocturnas.

Paralelamente teníamos a nuestro inolvidable y siempre querido trio Tanameño con Estebita, Güicho y Chan;  estos también nos acompañaban en las serentas,  pero mas bien en ocasiones especiales,  porque ellos tenían sus compromisos profesionales y disponían de menos tiempo. Cuando íbamos con el trio, la serenata era de gala.

Mas adelante surgieron nuevos valores de nuestra generación como José Enrique y Tani, hijos de Cianito Molina, quien a veces tambien se inspiraba.  Estos jóvenes no se cansaban nunca y muchas veces amanecíamos donde menos pensábamos.

Y alguien se preguntará: para qué las serenatas? Ah, cuando estábamos enamorados de una muchacha y queríamos impresionarla a ella y a sus padres, pues ahí va la serenata;  siempre con canciones románticas,  acordes a la situación;  a veces le pedíamos al cantante cambiar el nombre de mujer en la canción por el de la enamorada y el golpe de efecto era mayor.

Cuando los acordes de la guitarra herían el silencio de la noche, nuestra emoción llegaba al máximo, sobre todo del joven que ofrecía la serenata;  era algo tan bonito, tan emocionante y tan romántico, que aun lo disfruto mucho y seguramente le suceda a muchas personas que las recuerdan. El climax de la serenata llegaba si en la casa encendían alguna luz;  era como si en nuestros corazones se hubiera encendido una antorcha de emociones,  eso significaba que la serenata era al menos aceptada de buen agrado; si nos abrían la puerta y nos invitaban a entrar, era como que nos estuvieran abriendo las puertas del paraiso.  Significaba que tanto la muchacha como los padres aceptaban con agrado la serenata, era un as de triunfo en la mano del pretendiente.  Otras veces además de encender alguna luz, las(s) muchacha(s) nos daban las gracias y punto.  Eso queria decir que el asunto quedaba entre signos de interrogación.

Cuando entrabamos lo hacíamos con respeto y elegancia, nos sentábamos y entonces la música seguía en un ambiente mas íntimo, las notas musicales llenaban todo el espacio de la casa y nosotros flotábamos junto con ellas;  a veces nos hacían un brindis y hubo ocasiones que nos obsequiaban con una botella de ron.  Ah, eso sí que era lo maximo. Los de la casa muchas veces le hacían sus peticiones a los músicos y estos siempre estaban prestos a complacerlos. Entonces se producía una empatía entre los de la casa y los visitantes nocturnos que auguraba un buen final.

Si no habia luz encendida ni gracias por la serenata, nos íbamos muy tranquilos, pero disgustados porque el objetivo no se pudo cumplir, en ese caso le gastabamos bromas al ofertante.  Casi siempre en una noche dabamos dos o tres serenatas, porque cada quien hacia su petición por distintos motivos; a veces la serenata era felicitar a algun familiar o amigo(a) que cumpliera años o simplemente para alegrar a un ser querido.  Vale destacar que en esas andanzas nocturnas no había ningun jefe o caudillo, todos éramos uno solo y nos movíamos de un lado para otro siempre de acuerdo. Cualquiera sugería una idea y la seguíamos.

Los preparativos previos a la serenata los haciamos en alguna esquina del pueblo, donde nos tomábamos algún que otro trago para templar los nervios y para que los músicos afinaran la guitarra y prepararan el repertorio.  Ahí trazábamos la ruta y el plan de ataque,  esto era muy divertido porque había quien quería que la suya fuera la primera,  pero a veces significaba que había que caminar mas; al fin nos poníamos de acuerdo.

Teníamos a mi querido compadre Jose Antonio Hechavarria como el poeta del grupo,  recitaba los poemas románticos con una emoción que Jose Angel Buesa hubiera querido tener, eso era dentro de una canción y siempre buscando intercalarla en el momento preciso.

Como dije anteriormente, las serenatas llegaban a un resultado, positivo o negativo, pero hay algunas de ellas que dan ganas de reir:  fuímos a dar una en casa de Angel Quevedo, el ofertante era Cuqui Gelpi,  ya era cerca de las doce y cuando sonaron los primeros acordes, el abrió la puerta y venía con un tremendo tabaco en la mano,  esto nos asustó mucho, porque pensamos que era un arma y nos desbandamos en una pura carrera;  desde la esquina vimos como el encendió su habano y se dirigió a la ferreteria La Muñeca a hacer su guardia que coincidentemente le tocaba a esa hora.

Otra noche fuímos a casa de Montoto y bajando la loma de la Campana se destapó un aguacero de padre y señor mio que enseguida nos empapó. Todos nos agrupamos en círculo para evitar que la guitarra no se mojara. Allí mismo terminó la serenata.

En otra ocasión Jose Antonio y yo, queríamos dar una serenata en casa de Pepe Rodriguez;  por mucho que caminamos no encontramos ningún músico, era un día entre semana, pero como ya teníamos ese propósito y algunos tragos dentro,  se nos ocurrió  usar el radio portatil de Lorenzo Hechavarria, un Zenith Transoceanic, único en Sagua, con una recepción de primera. Cada noche a las 10 pm comenzaba un programa en la emisora santiaguera CMKC,  que se llamaba Serenata en tu Ventana( lo recuerdan?),  el comienzo del programa era una canción que decia “Buenas noches mi amor, buenas noches vida mia………..”, luego venían las canciones del programa ; nos agachamos debajo del balconcito de la casa radio en mano, allí oímos la introducción y cuando comenzó  la primera canción subimos el volumen….. y bueno, aquello era lo máximo; músicos importados a Sagua, ja ja ja.  A media canción interrumpen la música y el dichoso locutor dice ” Aqui CMKC, radio Oriente ofreciendoles…………” Ahhhhh;  no nos hizo falta palabra alguna, solo una mirada para salir de allí como un cohete y deseándole al locutor al menos una diarrea doble.  Al otro día no teniamos cara para mirar a las muchachas.

Hubo noches que no aparecía ningún músico ni para remedio, pero nosotros seguíamos con nuestra devoción por las serenatas y un día mi amigo Nalo Gelpi y yo nos dispusimos a dar una serenata; nos prestaron una guitarra y como no sabiamos ni como cogerla, se nos ocurrió darle unos arañazos a las cuerdas y cantar “El Ratoncito Miguel”. Lo recuerdan?. Ensayamos y fuimos para casa de Roberto Rachid, un amigo de ambos, cuando sonamos el ratoncito,  Roberto abrió la puerta con un poco de sueño y de asombro a la vez, pero al reconocernos rompió a reir a mandíbula batiente y nos invitó a pasar premiándonos con un brindis;  después nos deseó las buenas noches, no sin antes darnos las gracias. Eso lo hicimos en algunas ocasiones mas con el mismo resultado.

En otra oportuniad nos pasamos la noche dando serenatas con Tany y Jose Enrique Molina, eran tantas horas que estábamos débiles del hambre y a eso de las cinco de la madrugada nos fuímos para la casa de sus abuelos en cuatro vientos y allí su querida abuela nos hizo un caldo de gallina que nos revivió a todos.

Estos bellos recuerdos están impresos en nuestros corazones, son parte de nuestra cultura y de nuestra devoción por aquellas cosas agradables que hemos disfrutado en algún momento de nuestras vidas y que deben de servirnos para pensar que siempre podemos hacer algo hermoso y sano que todos podamos disfrutar.

He contado parte de la experiencia vivida en nuestra primera juventud, pero sabemos que antes y después de nosotros ha habido otras generacones de sagüeros que también disfrutaron de esta bonita tradición.  Exorto a enriquecer estas líneas con la experiencia de otros muchos sagüeros.

Muchas gracias.

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Comments
3 Responses to “Las Serenatas en Sagua de Tánamo”
  1. Hugo grlpi dice:

    Hola que alegria oir esas historias y una gran emocion porque cuqui Gelpi era mi Padre ,mi Querido viejo .Que en paz descanse!.Con todo mi corazon Su hijo Huguito. Saludos a todos y a mis tios en sagua.para todos un fuerte abrazo.

    • dany dice:

      Buenas Monchy. Creo que tambien mi papa un saguero que tocaba y cantaba tambien daba serenata soy el hijo de Tango. Eduardo Duharte.

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