¿Cómo se construyó la tercera balsa del río Sagua de Tánamo?


En el blog de José A. Hechavarría “Sagua de Tánamo: Nuestras Raíces” se ha publicado la historia del surgimiento de la tercera balsa del río Sagua de Tánamo, contada por Ramón R. Jiménez Martínez (Monchi). Su padre jugó un papel destacado en la construcción de este medio de transporte en 1952 que en aquel entonces ahorró a los lugareños horas de trayecto. La familia de Monchi fue la primera en utilizarla en su inauguración como se muestra en la foto.
Surgimiento de la 3ra. balsa en el Río Sagua
Por Ramón R. Jiménez Martínez
De izquierda a derecha: Mi tio Jorge (Ráfaga) Martínez, mi padre Ramón Jiménez A. (con una botella de Fundador), mi madre Mérida, mi tia Blanca, mi tia Elva, mi hermana Ana Rita (Cuca), no identificado, Ballilas Ricardo (Ahijado de mi papá) vestido de blanco y el último no identificado. En el frente mi hermana Magda y yo con aproximadamente 9 años.

Deseo manisfestar la desconocida historia, de como se originó e inició el servicio de la tercera balsa que hubo sobre el Río Sagua, permitíendo el cruce desde Miraflores hasta Cayo Acosta, según fué narrada por Ramón R. (Monchi) Jiménez Martínez como constancia que desea plasmar como reconocimiento y nuevo tributo en memoria de su padre Juan Ramón Jiménez Azahares.

Hoy mi querido padre cumpliría 107 años y quiero traer ésta historia verídica para que todos los sagüeros y los no sagüeros la conozcan, de ésta forma rendirle nuevo tributo a su memoria.

Corría la década de 1950, había un auge económico muy bueno en nuestro Municipio de Sagua de Tánamo; para cruzar el Río Sagua en su parte más profunda y extensa entre Miraflores y Cayo Acosta, había que utilizar una balsa, con capacidad de algunos metros más del espacio ocupado para cargar un jeep o un camión. Mediante una gruesa soga que estaba sostenida en sus extremos en cada orilla, de ésta forma se unía una ribera del río con la otra, según se puede notar en el lado derecho de la foto, donde el pasajero tiene su mano izquierda. Halando ésta soga se iba trasladando la balsa sobre la superficie del río, con la contribución de todas las personas que iban, cooperando con el balsero quien los dirigia, llegando sin riezgos a la otra orilla. En cada cabeza o extremo éstas balsas tenían a todo su ancho, un alerón haciendo la función de rampa; en el momento de atracar a la orilla, se levantaban para que la balsa quedara mas proxima a la tierra y asi la compuerta quedaba sobre tierra firme, al salir tambien se levantaba para que no hiciera contacto con la tierra y la balsa flotara libremente sobre el agua.

Al llegar todos los pasajeros ayudaban al balsero a bajar al mismo tiempo, un largo y grueso palo en cada lado, que hacian la función de palanca, para que la compuerta se levantara, todos los pasajeros nos subiamos sobre esa palanca para hacerle peso, ahi el balsero lo fijaba mediante un gancho para que quedara firme y la balsa pudiera atracar sobre tierra firme, facilitando la bajada o subida del vehiculo y los pasajeros que lo hacian caminando para eliminar un poco de peso a la compuerta. Al regreso de la playa siempre habia pasajeros que se tiraban desde la balsa al rio, para nadar, corriendo un poco de riezgo por la proximidad al mar y la posibilidad de que algun animal marino pudiera atacarlos.

En aquella época existían la balsa de Ercilio del Campo en Juan Diaz para pasar a Cayo Acosta, la cual era solamente para uso familiar y también estaba la otra que era propiedad de Mensio, ubicada en Miraflores que era para uso del publico en general mediante el pago de un peaje.

Ese transporte acuático era la única forma que existía para poder cruzar el profundo río y era utilizado mucho por todos los colonos cañeros, que era el principal cultivo agrícola de la zona, como Leoncio, Oscar y Manuel todos Rodríguez, Jacinto Fusté, Manuel Fusté y mi padre Ramón Jiménez, entre otros de las zonas de Cebolla y Guajaca, asi como tambien otros hacendados y colonos de Juan Díaz y Cayo Acosta que tenían sus tierras en la ribera opuesta a Cayo Mambí, al igual era usada por el público en general.

Un día mi padre regresaba en su jeep, manejado por mi tio Jorge Martínez (Rafaga) procedente de Sagua hacia su finca en el Saltadero, sería algo más tarde de las 8 de la noche, llegaron a la balsa de Mensio, quien no accedió a realizar el servicio de cruzarlos al otro lado del río, porque les dijo que estaba fuera de la hora en que él ofrecía el servicio, ante la negativa, después de insistirle, mi padre tuvo que regresar a Sagua, cruzar por el puente de Zabala en dirección al Sitio, para llegar a Cebollas, continuar para la casa ubicada en la finca de Saltadero. Este recorrido se demoraría no menos de 3 a 4 horas de viaje, mientras que si se cruzaba por Miraflores, el trayecto para Cebollas demoraba menos tiempo, es mucho más corta la distancia, ya que va en línea recta y por terrenos menos montañosos.

Según comentaba mi tio Rafaga, en el viaje de regreso a Sagua, mi padre le dijo: “Te aseguro que ésto no me volverá a suceder nunca más” y así fué.

Mi padre contactó a Jerónimo Terrero, un carpintero de ribera y amigo de él, quien vivía cerca del lugar y le propuso hacerle una balsa para que Jerónimo la trabajara conjuntamente con sus hijos, con el compromiso de que diera servicio las 24 horas del día, los 7 días de la semana; luego con el dinero que se colectara por peaje, cuando se llegara al total del costo de los materiales utilizados en su construcción, como pago de los mismos, la balsa pasaría a ser propiedad de Jerónimo sin ninguna duda.

Mi padre conversó con todos los colonos y hacendados, que tenían sus fincas en esa zona y les propuso crear un fondo, con el cual se comprarían los materiales para la construcción de la balsa y esa cantidad aportada por cada uno, se les reintegraría completamente, dándoles servicio de cruce, como crédito gratuito hasta llegar a la cantidad total de lo aportado por ellos en la inversión original, hasta llegar a esa cantidad; de ahí en adelante solamente pagarían la mitad del precio del peaje. Todos los colonos aceptaron unánimente la idea e incluso la elogiaron porque asi garantizaban el cruce del río a cualquier hora.

Mi padre le planteó a Gerónimo los términos que habían acordado los colonos, a su vez fué aceptado por éste sin reparos, más la preferencia que éste le dió a mi padre, quien siempre podría hacer el cruce de todos sus vehículos gratuítamente, a partir del momento en que la balsa comenzara a trabajar.

Yo recuerdo perfectamente que Gerónimo calculó todo el maderamen que sería necesario para la construcción, asi como también recuerdo que mi tio Rafaga realizó varios viajes en el camión de la finca de mi padre, cargando toda la madera desde el aserrío de Moa hasta la ribera del río Sagua donde se construiría la nueva balsa.

Simultaneamente a la construcción de dicha balsa, Gerónimo construyó una casa para su familia, a donde se mudaron en el área donde estaría el cruce, con el fin de estar siempre disponibles para poder brindar el servicio.

El primer vehículo que se transportó, dando inauguración a la nueva balsa, fué el Jeep Willys 1952 de mi padre y la foto adjunta sirve como constancia gráfica del momento.

Ramón R. Jiménez Martínez

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