Sobre la influencia de la emigración francesa en el siglo XIX

Sagua de Tánamo recibió un fuerte impulso económico de la emigración   francesa tras la Revolución Haitiana, y no sólo desde el punto de vista del fuerte capital que se asentó en la zona,  con su experiencia productiva, su saber hacer – en especial en la actividad cafetalera-   sino por  la transfusión que representó  de oficios,  de técnicas de artesanía, de cultura de comercios y negocios, de profesiones ( médicos,  fotógrafos, sastres,  zapateros, talabarteros, constructores,  carpinteros,  tejedores, ebanistas, herreros, pasteleros, panaderos,etc) ,  de  nivel cultural ( música, pintura, literatura, fotografía..) ,  capacidad comercial y sobre todo el  espíritu emprendedor de muchos franceses  que no tuvieron otra alternativa que empezar de nuevo en tierras cubanas. Y sin dudas que,  por muchas generaciones le echaron ganas y llegaron a adoptar como suya esta nueva  y maravillosa tierra.
Sagua de Tánamo aun hoy en los apellidos de sus habitantes  (Revé, Rousseau, Videaux , Dubois, Rigñack, entre otros) muestra la huella de esa rica emigración francesa , rica en todos los sentidos y que dinamizó la economía y la vida cultural y comercial de nuestro mucicipio.   La influencia se notó en todas las esferas  de la vida socoeconómica y cultural y dió paso a formas de vida  mas modernas que las encorsetadas concepciones de la colonia española.
Los franceses pusieron en acción su laboriosidad , eran gente industriosa y trabajadora. la economía de las plantaciones cafetaleras impactó positivamente en nuestra  intrincada región, se contagió a otros productores ya asentados en la zona  y empezaron a surgir caminos , vías de comunicación, necesidad del transporte marítimo para el comercio y  las montañas hasta entonces vírgenes comenzaron a producir  y a dar dinamismo a  la vida en el pueblo de Sagua de Tánamo.  Los franceses se montaron no sólo como grandes hacendados sino también como profesionales libres,  abriendo negocios, poniendo sus profesiones al servicio de la comunidad,  los adelantos del mundo en aquel entonces provenientes de Francia que era un escaparate de la modernidad.
Pero sin dudas en mayor impacto se derivó de la plantación cafetalera.  Aquí se gestó la riqueza que  dinamizó muchos pueblos de esta región.  Aún hoy los que llegan a las haciendas francesas,  aun cuando estén en ruinas,  no dejan de asomprarse de la magia que desprenden esos parajes, del paraiso construido por los franceses en el medio de fabulosos parajes naturales, que constituían un oasis dentro de las intrincadas montañas de las alturas Sagua Baracoa y la Sierra Cristal.   Es quizás una de las explicaciones de la riqueza que constataron los mambises, que quedó reflejada en las memorias de Antonio Maceo a su paso por Sagua de Tánamo y que hizo que nuestro pueblo y sus alrededores se  convirtieran en uno de los pilares del abastecimiento para la Guerra de Independencia.
En  un estudio sobre el impacto de la emigración francesa hecho para Santiago de Cuba  por Lourdes Riso Aguilera titulado “La estratificación social del hábitat social cafetalero en Cuba en el siglo XIX ”  se describe cómo era la vida en las haciendas francesas en esta zona , en especial en la zona de la Gran Piedra.  Por la similitud de estos procesos en toda la zona oriental  -antes todo formaba parte de  la jurisdicción  Santiago de Cuba (Oriente)-  es interesante incorporar algunos fragmentos de este estudio en nuestro blog:
” Con todas las condiciones creadas se fomentó el cultivo del café en la cordillera de la Gran Piedra, desarrollándose un sistema de plantación definido por el conjunto de haciendas cafetaleras, cuya “(…) unidad típica de producción fue la finca de 10 caballerias, con una producción media de 1200 quintales de café y una dotación de 40 esclavos(…)”.  La composición de la hacienda estaba determinada por tres zonas muy definidas según su funcionamiento: la red de caminos,  los campos de cultivo y el batey cafetalero.
El cafetal francés constituyó la génesis del fenómeno que provocó la eclosión de Santiago de Cuba en el siglo XIX,  el que trazó las pautas para transformar las intrincadas montañas en paradisíacos lugares.  Después de los ingenios, los cafetales son los establecimientos más importantes de Cuba, aventajando los segundos a los primeros en su hermosa apariencia y cuidada labor.
Esto condicionó la aparición de dos grandes componentes o subsistemas: el productivo y los relacionados con el hábitat.
Del batey se dan varias definiciones, todas ellas de importancia para comprenderlo. Al respecto Pérez de la Riva, F plantea que “los bateyes de los cafetales, las segundas fincas de Cuba en importancia, solían ser menos grandes que en los ingenios y mucho
menores las dotaciones de negros (…).” A su vez, Pérez de la Riva, J los describe como “El núcleo de la plantación cafetalera francesa -el batey- formaba un vasto e importante conjunto de casas, naves, terrazas (secaderos) y tanques para el agua rodeado de jardines y vergeles cuya superficie variaba de 2 a 5 hectáreas”.Fernando Boytel, en cambio, se limita a resumirlo de forma breve y concisa: “Básicamente, el batey de un cafetal francés está constituido por viviendas e industria.”

El batey se ubicaba, preferentemente en lugares llanos y de pocas pendientes, relacionando todos sus componentes, con una adecuada adaptación a la topografía, salvando los desniveles, pendientes, hondonadas, con el uso de toda clase de muros y terraplenes, articulándose éstos entre sí, por medio de rampas y escalones, como lo han evidenciado las ruinas encontradas.
En el largo y penoso proceso de colonización de las montañas por los galos hubo dos etapas: la de afianzamiento y la de crecimiento. La etapa de afianzamiento fue la más difícil, en ésta hubo que vencer, que doblegar a la naturaleza, porque, sólo así con sacrificio, se podía trabajar para ellos. Fue una etapa difícil porque hubo que esperar cuatro años para obtener las primeras cosechas. Mientras, el batey iba surgiendo, se iba edificando y el tiempo muerto era aprovechado, usando a los esclavos en toda clase de faena
constructiva, como las de terminación y embellecimiento de la hacienda, así como en la creación de los cientos de kilómetros de carreteras que dieron vida a aquellos intrincados lugares.
Una vez conseguido esto, todos los esfuerzos de los franceses, se concentraron en su enriquecimiento, en la prosperidad de sus haciendas, ya que a diferencia de los caficultores cubanos, nunca descuidaron sus posesiones. En la hacienda francesa, el dueño
permanecía la mayor parte del tiempo y así velaba por su trabajo; pero al mismo tiempo, se preocupaba por hacerla lo más lujosa posible permitiéndoles su cultivo, ratos de ocio que dedicaron al embellecimiento de su casa y los jardines. Todo este sistema y modo de vida; generó una estratificación social, común a las plantaciones caribeñas, fueran éstas de añil, azúcar, algodón o café; esta estratificación constituyó una pirámide social, determinada por la presencia de tres clases sociales bien diferenciadas.
– El dueño.Eslabón superior que existía en la estructura clasista de una plantación cafetalera, era el plantador por excelencia.
– El mayoral. Hombre blanco pero no dueño, trabajador, pero no esclavo. Era el nexo imprescindible entre los amos y los esclavos.
– Los negros esclavos. Era el verdadero sostén de aquel sistema, los que producían las riquezas.
El sistema desarrolló un modo de vida basado en la estratificación social, condiciona la existencia de una arquitectura que respondiese plenamente a la economía de esta plantación.
Sería un error pensar que el dueño de la hacienda siempre fuera un francés, como el caso de Sebastián Kindelán, también hubo plantadores cubanos, pero fueron los franceses quienes lo comenzaron todo y en general, los que lograron sobrevivir a todas las cosas por la abundancia de sus conocimientos y experiencias.
Hubo una marcada diferencia entre los cafetales franceses y los cubanos o de otra nacionalidad que existió; como también hubo una gran distancia entre la vida mísera del esclavo, verdadero héroe anónimo en la fundación del capital y la del propietario, fuera éste francés o no.
Los cafetales, debido a su menor tamaño de terreno y a un menor empuje industrial, obligaban a vivir en ellos a sus dueños, permitiéndoles su cultivo más lento que el de la caña tiempo libre que dedicaron al embellecimiento de sus casas de viviendas rodeadas
de jardines. En ellas se desarrolló todo el lujo, el refinamiento y la cultura.
Al hábitat donde residía el dueño de la plantación y su familia se le denominaba casa vivienda o casa almacén, lugar que en ocasiones se utilizaba también para el almacenaje y beneficio del café; con frecuencia servía para realizar reuniones y fiestas, ya que los
franceses acostumbraban a ofrecer su hospitalidad al patriciado santiaguero y a numerosos viajeros que acudían maravillados a contemplar los cafetales.
La casa se ubicaba siempre situada en un punto alto dentro del batey, de modo que sobresaliera no sólo por su belleza, sino también por su emplazamiento, desde esa posición se tenia una visión clara de todo el batey, de modo que el amo podía vigilar desde su casa el funcionamiento productivo de la hacienda. Estas edificaciones, a pesar de mantener elementos comunes,podían diferenciarse entre sí por su ubicación geográfica, su distribución planimétrica y materiales y técnicas constructivas utilizadas. La funcionalidad se definía por el número de funciones que albergaba, en las que podían aparecer distribuidas una o dos funciones fundamentales relacionadas con actividades domésticas y productivas, definiéndose entonces dos tipos de viviendas:
1. Casas donde predominaba la función de habitar como elemento esencial, conformados sus espacios por sala, comedor, habitaciones en un mismo nivel, bibliotecas, sala de música.
2. Casas donde se combinan ambas funciones independientes unas de otras, en un mismo nivel o en niveles diferentes, es decir, casas con vivienda en el primer nivel y almacenaje en el segundo o viceversa, a veces, en ocasiones aparece la vivienda y la producción
totalmente independientes en el mismo nivel. En todos los casos estas casas estaban rematadas en su parte superior por una techumbre de armadura de madera con cubierta
de tejamanil o zinc, cuyo objetivo fundamental era garantizar la protección de sus habitantes y el almacenaje del grano u otros productos que se cosechaban en la hacienda.
El almacenaje en casi la totalidad de las haciendas se ubicaba conjuntamente en la vivienda, siendo este aspecto el que condicionó el nombre de casa-almacén. La buhardilla es una respuesta espacial al almacenaje del grano de café, es así como surgen los puntiagudos techos de fuertes pendientes, tan característicos en este tipo de construcción.
La configuración planimétrica de las casas señoriales, estaba determinada por las funciones que albergaban, aunque se combinaran funciones domésticas y productivas, predominó la planta compacta con ausencia de patio interior y generalmente de forma
rectangular.
La estructura formal de sus fachadas pueden definirse como simétricas con respecto a la distribución de sus vanos rectangulares en el sentido vertical, con sus cuatros fachadas relacionadas siempre con el medio exterior, para lo cual se utilizaba el balconaje en las fachadas longitudinales y el corredor en una, en varias o en todas sus fachadas, permitiendo el contacto visual directo con el exterior.

Desde el punto de vista técnico constructivo se aprovecharon al máximo las potencialidades de recursos que ofrecía el medio, a través de la utilización de materiales locales como la piedra, cal, madera, yagua de palma, el guano, haciendo más económicas y racionales las soluciones de las viviendas con técnicas constructivas resistentes y duraderas que posibilitó su permanencia en el tiempo y a la vez contrarrestar los efectos negativos del medio, como los movimientos sísmicos que son característicos de la zona de emplazamiento de estas plantaciones cafetaleras en el oriente cubano.
Ser dueño de un cafetal era símbolo de poder y en ellos residían la mayor parte del año, vigilando personalmente sus ganancias, pero, un amo o dueño tan poderoso, y que además tenía que dirigir los muchos otros hilos necesarios, como el almacenaje en la ciudad, el
embarque portuario y las fructíferas ventas de la codiciada semilla, nunca hubiera podido encargarse personalmente de toda la faena de recolección y preparación del grano, por esto hacía falta la presencia en la hacienda de un administrador o mayoral.
Fuentes documentales de la época describen interesantes anuncios y solicitudes que permiten caracterizar al mayoral de hacienda cafetalera. Era un individuo solicitado, necesario, que debía ser inteligente, conocedor de la agronomía, preferentemente blanco y que, sin embargo, no se encontraba fácilmente, constituyó un personaje indisolublemente
ligado a la plantación.
Es poco o casi nada lo que se sabe de cómo vivía ese individuo. Considerando las consultas de anuncios de periódicos, se pudiera llegar a creer que el mayoral era siempre soltero, pero eran individuos que solían asentarse en una finca por largo tiempo, y que traían consigo a la mujer e hijos, como explica Fernando Ortiz.
Además acostumbraban casi siempre a ser de raza blanca, aunque también podría serlo el negro más inteligente de la dotación, el cual, por su origen esclavo se convertía en un adversario temible. En cualquiera de los dos casos, nunca hubieran compartido la vivienda
con los negros de la dotación. Por tanto la casa del mayoral debió ser aislada; una especie de punto medio entre los cultos franceses y los esclavos; cerca de los amos para recibir órdenes, y cerca de los esclavos para vigilarlos. El hecho de que no existan evidencias de esta casa corrobora lo perecedero de su hechura. Debió ser una cabaña más, una casita algo mejor que la de los esclavos y más espaciosa, para albergar a su familia, solo se diferenciaba de las chozas esclavas en ser algo más limpia y grande,12 su grado de terminación dependería del interés de su dueño, mejorándose poco a poco o por el contrario, no pasando de ser una más.
Las fuentes primarias corroboran lo antes planteado. La casa del mayoral carecía de lujos innecesarios. Lo que tuvo se debió a la inventiva de su dueño; eran simples casa de construcción sencilla, que presentan las mismas características que el quartier de negros.
En los cafetales franceses, como resultado del sistema esclavista, se necesitó la presencia del negro esclavo, que al ser un ente discriminado por la sociedad, generó una arquitectura específica, basada en la experiencia colonizadora del caribe. Surgen, por
tanto, dos formas de hábitat bien definidas, entre las que se asentaron los negros esclavos y los negros libres. El quartier, como forma de hábitat esclavo más mencionado, se le atribuye el mérito de único, a través de información referencial de varios autores. Se puede definir como un caserío de chozas independientes, que conforman un conjunto o pequeño pueblo en el batey, para la dotación de negros, eran chozas de materiales sencillos: cuje o embarrado, yaguas y guano o paja. Existen opiniones diversas sobre la no existencia de barracones para los negros en la plantación cafetalera. Sin embargo nuevas
pruebas se han sumado a la lista, arrojando valiosas informaciones, donde se ha comprobado la existencia de esta forma de hábitat para los negros esclavos. Es difícil emitir una valoración crítica final, no obstante, una conclusión parece desprenderse de la lectura de toda clase de testamentos, protocolos e inventarios revisados16 y es que existieron
indistintamente dos tipos de viviendas para los esclavos: la ranchería de bohíos independientes y el barracón, al que llamaron también casa, bohío o habitación de negros. Tanto uno como otro, fueron parte integrantes del mundo cafetalero, con características
propias. Las ruinas halladas y la documentación de archivo apuntan hacia un predominio del barracón o casa de negros, el cual brindaba un control más efectivo de la masa esclava; aunque no se materializaron en la realidad las ordenanzas de, porque se pretendía abaratar las inversiones del batey.
La casa, bohío o habitación de negros,se puede definir como una casa de mampuesto, embarrado o madera, siempre con armadura de techo, recubiertas con tejamaní, paja o zinc, indistintamente. Su interior se componía de celdas o cuartos independientes sin comunicación, de formas similares, por lo general cuadradas, que abrían al exterior, con pocas ventanas, preferentemente en las culatas. Se ubicaban en tiras continuas cuando las dotaciones exigían varias casas, alejadas de la casa vivienda y próximas a las áreas de trabajo, relacionándose más con el área de secado La plantación esclavista generó una arquitectura propia; que no fue obra de un año ni de dos, sino del resultado de la nfluencia directa a Cuba de códigos y sistemas heredados tras años de colonizaje. En las construcciones domésticas de los asentamientos cafetaleros de la región se evidenció una clara estraficación social, materializada en la calidad del diseño de las distintas formas de hábitat para cada clase social, lográndose respuestas arquitectónicas con plena adaptación al medio; con la utilización de materiales locales se lograron formas muy simples, principalmente en las edificaciones más relacionadas con las clases pobres, persistiendo hasta hoy estas técnicas arquitectónica en las viviendas rurales del campesinado cubano”.

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Comments
One Response to “Sobre la influencia de la emigración francesa en el siglo XIX”
  1. Jose A Hechavarria dice:

    Valioso repote, muy instructivo y descriptivo de como se fué desarrollando nuestro municipio con el cultivo del café, la estructura social del momento, el aporte realizado por los franceses en el origen del batey, y los distintos niveles del estrato social en la finca o hacienda y desgarrador la forma de vida de los esclavos, que en realidad fueron los verdaderos héroes, sin menospreciar el talento francés con la aportación de las técnicas y adelantos del momento, asi como el aporte cultural. Me encantó.

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