Los vendedores callejeros de Sagua

José A. Hechavarría nos trae recuerdos, que aún los que andamos cerca de los 60 conservamos, de los vendedores callejeros en nuestro pueblo y nos retrotrae a una época en que  Sagua era un hervidero de gente emprendedora , muchos de los cuales en la jerga de hoy serían denominados “cuentapropistas” y que conformaban un tejido de  producción de bienes y servicios en todas las especialidades necesarias para abastecer a Sagua y a sus alrededores.   En su Blog “Sagua de Tánamo: Nuestras Raíces”  evoca  hoy a aquellas personas laboriosas en específico las que  preparaban y vendían por las calles del pueblo dulces, bebidas (como el inolvidable PRU) , lechón asado, papas rellenas y hasta bistekes. Hasta a mí se me ha hecho la boca agua..
Los vendedores callejeros de Sagua
Por José A. Hechavarría
Quien de mi generación puede olvidar los ricos, higienicos y deliciosos pastelitos de guayaba y los merenguitos, salidos de las manos de RUFILA CISNEROS, los vendia su hijo PANCHITO: con su gesto característico cuando se agachaba un poco, se ponía la mano izquierda en la espalda, y con la derecha te mostraba la lata con tapa y con su voz dulce, como los mismos pasteles te decía: –“TENGO LOS DULCES PASTELITOS DE GUAYABA, DE CARNE Y TAMBIEN LOS MERENGUITOS’ de vez en cuando tambiên tenia los ricos “COQUITOS’ . Que recuerdos tan dulces, estoy escribiendo y tengo la boca llena de saliva.
Otra persona inolvidable que semanalmente, creo era miercoles, llegaba a mi casa por la tarde para hacer la pre-venta para el siguiente día traer sus delicias, pero estas no eran dulces, sino proteínicas. La cara siempre sonriente de LOCADIA la recuerdo perfecto, (La mamá de José Vico) siempre llegaba a mi casa y decía:– “NENA, QUE TE TRAIGO MAÑANA, CUANTO QUIERES DE PANCITA Y CUANTO DE PATICA DE RES?’ Al siguiente dia, temprano llegaba con 2 latas con sus correspondientes agarraderas de alambre, que habian sido envases de manteca Swuiff, en una traía las paticas ya cortadas, listas para aliñar y poner a cocinar, en la otra lata era la Pancita que siempre estaban cortadas listas tambien para cocinar, me llamaba la atención ver aquellos pedazos de panza de res, relucientes y blancos. Recurdo siempre que mi madre decía: –”A la única persona que le compro panza es a Locadia, porque estoy segura que esa señora es muy limpia, y lo que vende está garantizado de que está totalmente listo para comer, yo se que ella se va al rio y con naranja agria, las limpia, para que no quede ninguna suciedad”. Leer mas

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  1. […] Justo Luis Mato Díaz Hermano Hechavarria, yo también me saboreo con tu historia,en la esquina del cementerio vivía o vive Florentino,lo recuerda? ,un señor que era su vecino […]



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