Los tres caudillos #5 por Israel Méndez Palma

Chico arrastró el cuerpo de la mujer por la parte de atrás de la fábrica, la montó en una carreta, la tapó con unos cuantos ladrillos y salió para la fosa común, allí le pagó al trabajador y luego se fue a la casa de José, cogió a los niños y se los llevó al ayuntamiento.
Con permiso Teniente Naranjo, aqui le traigo a los niños de José.
Sí, ya me mandó un recado Don Eduardo, déjalos ahí, ya envié un telegrama a la familia para que lo vengan a recoger. Mira aquí le mandó el patrón para usted un regalito.
Gracias Chico.
Con permiso.
Eduardo tenemos que hablar.
¿De qué Lucia?, ¿ no ves que estoy ocupado?.
De tu hijo Leoncio Eduardo.
Y que pasé con Leoncio ahora, mujer?
Yo lo veo muy mal, está llevando una vida muy mala, Eduardo se pasa como tú bebiendo alcohol y llegando tarde y con unas compañías que no me gustan, ese muchacho solo tiene 17 anos Eduardo.
Ay mujer, déjalo, él es un hombre un Caudillo y como tal se tiene que portar.
No Eduardo no quiero ver a mi hijo terminando como tú.
Y segun tú cómo soy yo Lucia?
Un borracho, un mujeriego, que se cree que tiene el mundo a sus pies solo porque tiene unos cuantos pesos. no te interesan tus hijos y ya ni me tocas. Eduardo no eres ni la sombra del hombre con que yo me casé. Lucía trató de salir del cuarto y Eduardo la agarró por el brazo.
Mira a mi no me dejas con la palabra en la boca, maldita insipida y sin pensarlo dos veces le abofeteó en la cara varias veces.
Maldito seas Eduardo, me pegaste, nunca lo habías hecho, esto no te lo voy a perdonar.
No me lo vas a perdonar, no me lo vas a perdonar ven aca para que sepas quién es el hombre en esta casa y a mí me perdonas todo lo que yo quiera y todo lo que yo haga tu no eres nadie sin mi no eres nada eres basura no tienes pensamiento yo controlo todo lo tuyo me pertenences Lucía.
Un día de estos me voy a ir Eduardo.
Si te vas te busco debajo de las piedras y te mato, me oiste te mato!!
Lucia se quedó llorando sentada en el sofa.
¿Qué te pasa mama?. Le dijo Estefanía. ¿Por qué lloras?
Por nada mi amor, vamos al jardín.
Por la noche Eduardo llegó mas temprano que de costumbre y se dirigió hasta el cuarto, allí estaba Lucía, en silencio, haciendo su habitual rosario de la noche.
Hola Lucía, mira, quiero que me perdones por lo de esta mañana
Ven dame un besito.
No me toques Eduardo!!
Eres mi mujer Lucía.
Ahora te acuerdas que soy tu mujer.
Ven Lucía vamos a estar juntos?
No Eduardo, estoy haciendo el rosario.
Maldita seas Lucía, maldito sea el rosario y maldito sea el mismo Dios. Eduardo agarró la biblia la tiró contra el piso y agarró el rosario de la mano de Lucía y lo hizo pedacitos.
¿Qué haces Eduardo?
Te dije que quería estar contigo, ahora maldita sea, ven acá desgraciada. Eduardo agarró a Lucía por los brazos, le desgarró la ropa y la tiró en la cama, ahora vas a ser mía quieras o no.
Lucia veía en el rostro de aquel hombre al mismisimo diablo, los ojos le echaban chispas y bramaba como un toro cebú, con rabia y gritaba, yo soy Eduardo Caudillo y quiero estar contigo y tu vas a complacerme.
No Eduardo, por favor, así no, soy tu esposa la madre de tus hijos.
Eres una mujer como todas las otras y vas a ser mía.
Eduardo comenzo a manosearla, se le montó encima como un animal y comenzó a poseerla, ella miraba al cielo y llorando imploraba a Dios que eso acabara pronto. Al acabar se levantó, la escupió, se vistió y salió del cuarto como alma que llevaba el Diablo.
Meses pasaron y Lucia se sentía mal y la barriga la notó que le estaba creciendo, se le acercó a Eduardo y le dijo.
Eduardo tengo que decirte algo.
¿Qué quieres Lucia?
Eduardo estoy embarazada.
Qué dices, estas loca, embarazada a estas alturas, no te conformaste con los hijos que ya tenemos.
Mira Eduardo no empezemos, sabes lo que me hiciste hace meses y si estoy así es por culpa de tu violación, maldito.
Pero bien que gozaste, no te hagas.
Eres un desgraciado maldito asqueroso, te odio si no me he ido es por que mis hijos te quieren y yo no le voy a quitar el derecho de tener a su padre, pero si solo ellos supieran lo que me hicistes.
Ay callate ya y vete a lo tuyo deja de estar molestándome.
A los nueve meses exactos, Lucía dió a luz una preciosa nina que la llamaron Elisa; Eduardo se volvió loco, pasaron los años y Eduardo estaba loco con su hija, era la luz de sus ojos, le daba todo, la mimaba y no concebía el mundo sin Elisa.
Eduardo, ya va a cumplir Elisa sus cinco anos y quiero hacerle su fiesta como todo los años.
No como todos los años no, esta será mejor, invita a todos que vengan, todos a admirar a mi princesa.
No Eduardo algo sencillo.
Te dije que no, se le va a hacer como yo diga o ya se te olvido quién manda aquí.
Bueno, como quieras.
Llegó el día de la fiesta y todos los invitados se divertían al son de la música y la alegría del momento. Lucía le dice.
¿ Eduardo donde está Elisa?
No se, la dejé con sus amiguitos, ahí en la parte de atrás. Lucía se dirigió hacia la parte de atrás y no vió a Elisa, le preguntó a uno de los niños .
Joaquin, ¿dónde esta Elisa?
Allá arriba, Dona Lucía.
Alla arriba dónde, muchacho.
Allá en el techo, la ve.
Lucia se puso blanca como un papel al ver a Elisa que estaba en el techo y al mismo tiempo se preguntaba como llegó alli.
Eduardo Eduardo!!!!!!
¿Qué pasa mujer?
Elisa esta allá arriba en el techo.
¿Y cómo llegó hasta allí Lucía?
No lo se, no lo se.
Eduardo se subió a cogerla y cuando se le acercó le dijo .
Ven mi amor, dame la mano con cuidado.
Papi, papi, Elisa estiró la mano para agarrar la de su padre y ahí se resbaló y rodó por el techo y cayó en tierra, de cabeza, el golpe fue tan duro que su pescuesito cedió y le fulminó la vida en ese instante.
Eduardo bajó como loco recogió el cuerpo de su hija en sus brazos, de pronto todo se volvió oscuro y una voz espeluznante le dijo.
Humano ha llegado la hora.
¿De qué mi Senor?
De que me des a tu hija, acuérdate nuestro trato, ya se te olvidó lo que te dije, que quería que me entregaras el alma y espíritu de tu último hijo en su quinto año de vida. Pues bien, ya llegó ese dia.
Eduardo con su maldad y su avaricia se le había olvidado el trato que había hecho con Lucifer.
No Señor, lléveme a mi, le devuelvo todo, riquezas, poder, todo, pero no me quite a mi Elisa.
Basta ya humano, se acabó, es mia y me la llevo. Lucifer le sacó el alma y el espíritu a la niña y se marchó.
No no no noooooooooooooooooo Elisa, mi niña, no puede ser, entrego todo te devuelvo todo Lucifer pero no me quites a mi niña.
Todo el mundo en la fiesta pensó que era tanta la maldad en ese hombre que se había vuelto loco.
Elisa mi vida, no importa chiquita ya papi va a alcanzarte.
Eduardo se fue a la biblioteca, se encerró cogió su rifle, se sentó, se sirvió un trago, se lo bebió, se colocó el rifle dentro de la boca e hizo un disparo; cuando los invitados entraron en la biblioteca estaba Eduardo con los sesos pegados a la pared había sangre por dondequiera, Lucía lo miró, cerró la puerta y le dijo a Chico .
Francisco, vaya y llame a la guardia para que se lleven a su patrón, ya se acabó la maldad, el miedo y la desilución.
Qué equivocada estaba Lucía……..
Continuará……………

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