LOS TRES CAUDILLOS #2 por Israel Méndez Palma

2.
Justo a la medianoche Eduardo salió hacia la ceiba con una pala un farol y un sueño. Un sueño de hacerse rico y poderoso sólo pensaba en que ya no trabajaría mas y viviría la vida que tanto deseó para él y su familia, llegó a la ceiba, la noche estaba oscura como boca de lobo, recostó la pala sobre la ceiba y encendió el farol que traía, luego se quitó la camisa, levantó los dos brazos como si fuera a volar y exclamó con voz fuerte y desafiante…
Señor de las tinieblas, amado Lucifer, quiero me entregue el tesoro que yace junto a esta ceiba entrego mi alma si es necesario.
De momento una voz tronante de ultratumba se oyó en el firmamento.
¿Qué deseas humano?
Eduardo sintió que se le estremecían las piermas y se le paraba hasta el mas minimo pelo del cuerpo, pero así y todo, siguió adelante con su conjuro.
Deseo me entregue el tesoro de la ceiba.
¿Y qué ofreces a cambio humano?
Lo que sea Señor.
Estas seguro que me darás lo que yo desee.
Si se lo daré, lo prometo.
Bueno quiero que me entregues el alma y espíritu de tu último hijo en su quinto año de vida.
Señor, todos mis hijos pasan ya de esa edad.
No humano, tendrás otro hijo y quiero que me lo entregues.
Eduardo pensó:
Qué mejor manera de obtener lo que quería, pues el pensaba que no tendría mas hijos, lo que él no sabía era que la vida le jugaría una mala pasada.
Está bien humano tendrás el tesoro y mucho poder pero a la medianoche del quinto año de la vida de tu hijo mas pequeño vendré a buscar su alma y no habrá vuelta atras, ¿de acuerdo?.
De acuerdo señor.
Rayos y centellas cayeron del cielo y una lluvia torrencial cubría el campo, una pequena luz en la tormenta guió a Eduardo hasta el tesoro, cuando lo desenterró había una verdadera fortuna en un viejo cajón.
Soy rico, soy rico, gritaba como loco Eduardo.
Tomó el cajon y se dirigió a su casa, al llegar Lucia le preguntó.
¿Y ese cajón Eduardo?
No te apures mujer, me lo encontré en el camino vamos a dormir.
Eduardo sabía que a la manana siguiente ya no sería mas el hombre pobre que siempre habia sido.
Eran las 6 am y Lucia no sabía por qué Eduardo no se levantaba, sería que estaba enfermo, él era un hombre que ya a las 4 am estaba en pie todos los dias, se le acercó sigilosamente a la cama.
Eduardo, Eduardo levantate te cogió el dia mi amor.
No Lucia, hoy no voy a trabajar.
Pero, ¿ por qué Eduardo?
Bueno te voy a contar. Mira anoche me encontré con ese cajón a la orilla de la ceiba por el camino del rio.
Ay Dios mio Eduardo, qué has hecho ese es el tesoro del que todos hablan que descansa en la ceiba y que todos los que se han interesado por el, algo malo les ha pasado.
Si muje,r pero eso son solo habladurias a mi no me va a pasar nada tu verás.
Salió Eduardo para el mercado negro para empezar a cambiar todo el tesoro que había adquirido, cuando lo hizo todo plata, se sentó en el parque y pensó .
Esta fortuna no la puedo llevar al banco puesto que me empezarán a hacer preguntas de dónde saqué tanto dinero, qué hago, qué hago. Ya se voy a comprar propiedades.
Se dirigió hasta la tienda de Don Mino y al verlo llegar le dijo;
Eduardo porque no te presentaste a trabajar, hoy que era el dia en que mas te necesitaba.
Don Mino lo siento por usted pero no voy a trabajar mas en la tienda, recibí una herencia de una tía lejana y ya no tengo que matarme trabajando es mas quiero comprarle la tienda, ya usted está viejo y necesita un descanso.
Ni muerto vendo yo mi tienda Eduardo, así que te vas olvidando de eso y si no vienes mas esta bien, ahora retírate y no vuelvas mas por aqui.
Quiero que me venda su tienda Don Mino por última vez, le hago la oferta.
Te dije que ni muerto, así que sal de aquí, Fuera! Fuera! No te quiero ver mas por aqui.
Maldito viejo esta me la vas a pagar, asi que ni muerto vende su tienda, vamos a ver si la vendes o no.
Eduardo estaba empeñado en comprar la tienda de Don Mino con o sin su aprobación, se fue a la barra Molina y allí se sentó a tomarse unas cervezas con Francisco, un companero de trabajo, que lo habían despedido por robar en la tienda de viveres.
Chico, que así le decian a Francisco de apodo, le preguntó a Eduardo.
Oye Eduardo que haces por aquí, tu nunca vienes a la barra y menos a esta hora del dia?.
No me digas nada Chico estoy que reviento, tengo un dinerito que heredé, fui donde el viejo Mino a que me vendiera la tienda y me dijo que ni muerto me la vendia.
Ese maldito viejo es un tacaño me botó los otros dias.
Si lo se Chico y yo quiero esa tienda.
Oye Eduardo y si lo desaparecemos, asi me paga lo que me hizo y tú le puedes comprar la tienda a la viuda, acuérdate que ellos no tienen hijos ni familia aqui y la vieja no creo que quiera encargarse de la tienda.
Oye Chico, esa es buena idea, ¿te atreverías a hacer ese trabajo?
Seguro que me atrevo, ¿cuánto me darías?
¿Qué te parece cinco mil pesos?
Mira Eduardo yo lo haria de gratis, pero por cinco mil pesos te lo hago picadillo y me lo sirvo de almuerzo.
Los dos hombres planearon bien su macabro plan y esa misma noche cuando Don Mino cerraba la tienda Eduardo se le acercó y le dijo.
Oiga viejo, por ultima vez, ¿ me vende su tienda?
Ya te dije que ni muerto maldito y lárgate de mi vista.
Bueno usted se lo buscó porque hasta aquí llegastes viejo avaro maldito.
En ese momento Chico salió de las sombras, agarró a Don Mino por el cuello y lo desgargantó.
Segun el viejo se desangraba en el piso, Eduardo poniéndole su bota en la cara y apretandolo le dijo.
Ni muerto me vendía.. pues ahora se la compraré a su viuda, maldito viejo, muérete de una vez y púdrete en el infierno.

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